El miércoles 19 de octubre tuvo lugar en Madrid, en la sala La Riviera, el concierto de DIMMU BORGIR, que en un principio contaba con AMON AMARTH y ENGEL como teloneros, hasta que una rueda pinchada en Lisboa impidió a ambos actuar y obligó a la promotra a sustituirlos por ELDERDAWN y DAWN OF TEARS, dos bandas madrileñas. Aquí está la crónica del evento.

ELDERDAWN

Poco podemos decir del concierto de estos madrileños a los que les tocó el papelón de abrir y empezar a calentar a un público que iba dispuesto a encontrarse con AMON AMARTH y que se tropezó con una caída de cartel de última hora que variaba bastante los planes del personal.

ELDERDAWN, a pesar de contar con mal sonido, causado por las prisas y por la casi inexistente –por lo breve, se entiende- prueba de sonido, y de no tener aún a todos los asistentes allí dispuestos, cumplieron su papel como mejor pudieron. Los temas que eligieron fueron “Covenant”, “Nema”, “Passion” y “Lycantr-Hope”, que dejaron un regusto a ese Death con tintes Black que ofrecen, que desgraciadamente y por los motivos mencionados no pudo ser todo lo sabroso que debiera y no nos permitió disfrutar de sus composiciones ni del magnífico sonido del cello como en otras ocasiones.

Lo precipitado del evento les impidió además contar con la presencia de su vocalista habitual debiendo defenderse con su guitarrista, que hizo las veces de vocalista suplente e intentó –y consiguió- afrontar la situación de forma digna.

Esperamos que a no mucho tardar podamos asistir a algún otro concierto suyo en el que disfruten de mejores condiciones.

DAWN OF TEARS

DAWN OF TEARS fueron los encargados de seguir caldeando el ambiente y ya contaron con algo más de público, que gracias a sus temas cañeros empezó a desmelenarse y entrar en situación, intentando olvidar a AMON AMARTH y su pinchazo –en todos los sentidos-.

Un concierto potente en el que demostraron sus tablas y todo su potencial, con un vocalista que lo dio todo y unos guitarristas que se portaron más que bien, con riffs brutales directos y consistentes y solos veloces y bastante bien conseguidos. Con los temas “Lost Verses”, “Blaspheme Natured Messiah”, “Echoes of Eternal Life” y “The Pit and the Pendulum”, de su disco DESCENT, consiguieron que empezara a entrarnos el ritmo en el cuerpo y que la espera ante la aparición de DIMMU no se hiciera para nada pesada.

En resumen, un concierto que convenció a propios y extraños, y que todos disfrutamos gracias a la buena disposición de los músicos, que consiguieron mantenerse en todo momento entregados al público y supieron manejar la situación con maestría.

DIMMU BORGIR

Y por fin, el punto fuerte de la noche. Con todos los problemas que rodearon este evento, algunos pensábamos que DIMMU BORGIR estarían más que motivados para dar a su público un gran concierto para recordar –el clásico “ya que las cosas no pintan bien, al menos les haremos vibrar con una descarga brutal”, que tristemente cada vez se cumple menos-, pero para desencanto de muchos, no fue exactamente eso lo que los noruegos nos tenían preparado, ya que si bien se mostraron correctos en repertorio, no lo fueron tanto en ganas y en duración –un tanto escaso se nos antojó su concierto; parecía que venían dispuestos a entregar lo estrictamente necesario, sin concesiones ni pérdidas de tiempo-.

Cuando las luces dejaron entrever el escenario lo suficiente y después de una que ayudó a crear ambiente, aparecieron poco a poco los músicos, con esa actitud y pose a la que nos tienen acostumbrados: fría, distante y altiva. Ataviados al uso y abriendo con el tema “Progenies Of The Great Apocalypse”, nos ofrecieron esta vez una pantalla en la que proyectaban imágenes y cortos –maldigo los bucles y el empuje a la locura que producen con sus imágenes repetidas una, otra y otra vez- , y una disposición curiosa en el escenario: la batería y el teclado se encontraban elevados por encima de las posiciones de los guitarristas y el vocalista, lo cual nos permitió durante casi todo el concierto ver el rostro del culpable de colapsar por momentos el sonido de los temas con su elevado volumen a las teclas.

A continuación, un “Vresdesbyrd” un poco flojo dió paso al verdadero chapuzón en su nuevo trabajo, que contó con temas como “The Serpentine Offering”, “The Chosen Legacy” y “The Sinister Awakening”. Pero como suele ocurrir en estos casos, fue en temas no tan nuevos como estos cuando el público se volvió realmente loco. Claro que hay que decir en su defensa que no es fácil resistirse a “A Sucubus In Rapture” o “Grotesquery Conceiled”, temas ambos tan definitivos como potentes y brutales, que aunque sonaron más bien regular debido al exagerado volumen de ciertos intrumentos o el asombrosamente pobre volumen que le proporcionaron al vocalista en algunos pasajes –por no hablar de la extraña cadencia irregular que sobrevolaba algunos temas-, siguen siendo aplaudidos por el público.

Poco después, la instrumental “Fear And Wonder” daba paso a otro de los bombazos de la noche, su “Blessings upon The Throne Of Tyranny”, que acabó con la poca cordura que restaba a un público totalmente entregado y ávido de más y más cera, aunque no del todo numeroso por celebrarse un miércoles y por los problemas de caídas de cartel. No contentos con ello, aporrearon a continuación un “Spellbound” demencial en lo que parecía ser una batalla sin descanso, situándonos en la cresta de la ola y perdonándoles por ello algún que otro bajón posterior en temas menos logrados en los que el vocalista mostró signos de cansancio, fatiga y baja forma.

En definitiva, un concierto con altibajos constantes, que podía pasar de la caña más burra a momentos caóticos debido a un sonido demasiado “colapsado” y a la pasividad de alguno de sus componentes, y que los noruegos remataron con un “Puritania” y “Mourning Palace” de corte un tanto seco que dejaba traslucir ciertas prisas por salir del escenario. Esperamos que para la próxima ocasión nos deleiten con algo más de intensidad…o quizá actitud.

Texto: Prisoner

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